Paterna tiene un perfil doble que casi ningún municipio del área metropolitana de Valencia comparte: es una gran ciudad industrial y, a la vez, una zona residencial de chalets. Esa dualidad genera dos tipos de ocupación muy distintos.
Naves y locales del polígono Fuente del Jarro. Fuente del Jarro nació en 1967 y es hoy uno de los mayores polígonos industriales de España y de Europa, con más de 230 hectáreas, unos 40 kilómetros de viales y cientos de empresas asociadas a ASIVALCO. Tanta superficie construida implica también naves vacías entre traspasos, almacenes de empresas en concurso y locales pendientes de alquiler. Son objetivos frecuentes de ocupación: espacios amplios, sin residentes y a menudo sin vigilancia nocturna. Cuando se ocupan, el propietario descubre que la vía judicial para un inmueble industrial es especialmente lenta, y ahí es donde la vía extrajudicial marca la diferencia. Trabajamos con empresas patrimonialistas, fondos y particulares dueños de una única nave por igual.
Chalets y viviendas en La Canyada. La Canyada es una de las zonas residenciales más consolidadas de Paterna: nació como destino de veraneo de familias valencianas a mediados del siglo pasado, alrededor de su estación de tren de 1924, y hoy es una urbanización de chalets entre pinares, con residentes todo el año y otros que solo la ocupan en temporada. Las viviendas que quedan cerradas durante meses, o las que están en venta o en herencia, son las más expuestas. El mismo patrón se repite en zonas próximas como Santa Rita, La Coma o los desarrollos residenciales más recientes.
Locales y viviendas heredadas en el casco urbano. Paterna arrastra un parque de inmuebles antiguos, incluidas sus conocidas casas cueva del entorno de la Cova Gran, y no faltan los casos de propiedades heredadas que llevan tiempo con alguien dentro. Los herederos, con frecuencia repartidos entre varias ciudades, no saben por dónde empezar.
Inquiokupa. Entró con contrato válido, dejó de pagar y ahora actúa como si tuviera derecho a quedarse. Muchos propietarios llegan a nosotros tras enviar el burofax y comprobar que no sirve de nada: el inquilino moroso sigue dentro. El desalojo de un inquilino moroso o inquiokupa por la vía judicial puede superar el año y medio, y se alarga aún más si el ocupante presenta una declaración de vulnerabilidad. La vía extrajudicial acorta ese plazo a semanas.